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El hostigamiento en redes sociales como nueva forma de disciplinamiento a las futbolistas argentinas

Julia Hang 27 de julho de 2023

Escena 1

El papá y el hermano de Yamila Rodríguez miran la final del primer campeonato de la era profesional del fútbol femenino argentino en un teléfono celular apoyado en un cajón de frutas. En esa pequeña pantalla, ven a la goleadora marcar uno de los 7 tantos con los que Boca le ganó a River y se consagró campeón del Torneo Transición 2020. La foto se viraliza y la jugadora oriunda de la provincia de Misiones explica que en su casa no tienen Internet ni el Pack Fútbol a través del cual sería transmitido el partido. A través de esa imagen, gran parte de la población argentina se entera de que hay un campeonato de fútbol jugado por mujeres en nuestro país, que Boca es campeón y que la televisación sigue siendo el privilegio de unos pocos.

Escena 2

Casi dos años después, Boca se vuelve a consagrar como el campeón del torneo local. Esta vez, el partido se juega en la Bombonera ante 20 mil personas, y se transmite por la TV Pública. Nuevamente, Yamila convierte un gol ante lxs hinchas que corean su nombre y se ilusionan cada vez que toca la pelota. La delantera le dedica el triunfo a Juan Román Riquelme, vicepresidente del club que observa el partido desde el palco, y le exige que se “pague un asado para las pibas”. Un reclamo por el reconocimiento, a través del cual muchxs hinchas del club se enteran de que el equipo femenino de Boca ganó nada más y nada menos que 26 títulos. Ese día, en los alrededores de la cancha, sólo un nombre de los estampados en las camisetas de Boca que están en venta en no corresponde a un varón: Rodríguez.

Escena 3

24 de febrero de 2021. Argentina cae 6 a 0 ante la selección de Estados Unidos en la She Believes Cup, un campeonato celebrado en los Estados Unidos organizado por la United States Soccer Federation. Luego del partido, Yamila Rodríguez intercambia camisetas con Megan Rapinoe, la delantera estadounidense ganadora del balón de oro en 2019 y referente de la lucha por la igualdad de las mujeres y del colectivo LGBITQ+. Rapinoe nota que la casaca de la argentina no tenía grabado su nombre y, a través de sus redes sociales, se dirige a la AFA para que se encargue de solucionar el asunto. Es la última vez que la selección argentina juega sin los nombres de sus jugadoras estampados.

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Yamila Rodríguez. Fonte: Wikipédia

Escena 4

Yamila Rodríguez se consagra como la máxima goleadora de la Copa América 2022, en la que Argentina finaliza en el tercer puesto logrando la clasificación directa al Mundial. Llora, emocionada, y declara: “teníamos la mochila con todas las pibas que vienen atrás nuestro porque si nosotras no clasificábamos el fútbol femenino se moría porque nos iban a dar con todo, iban a decir que no valíamos, que perdíamos siempre, todo eso que dicen de las mujeres”[1]. A fines de ese año, se convierte en la primera jugadora argentina en estar nominada a los premios Dubai Globe Soccer Awards, como una de las 20 mejores futbolistas del mundo.

Escena 5

Acaba de comenzar la IX Copa del Mundo de fútbol femenino FIFA en Australia y Nueva Zelanda. La selección argentina espera su debut frente a Italia. Yamila Rodríguez, convocada a su primer mundial, es tendencia en la red social Twitter. Algunas cuentas internacionales habían destacado que la jugadora tenía tatuados a sus ídolos Cristiano Ronaldo y Diego Maradona. Usuarios de Twitter argentinos replican la noticia, y la insultan. Rastrean sus redes, encuentran que no lo sigue en Instagram a Lionel Messi. La hostigan por “anti-messi”. Viralizan twits de hace años. Le dicen “villera”, “negra”, “torta”, “gorda”. Además, la acusan de haber “bancado” a Villa, el jugador de Boca condenado por violencia de género. No es la primera vez que Yamila es víctima de comentarios de odio. Sí es la primera que, tiene que pedir en sus redes sociales, el cese del hostigamiento.

Descontextualizar para hostigar

Yamila no es la única deportista expuesta a la violencia digital. Horas antes del debut frente a Italia, la mediocampista argentina Lorena Benítez pidió en sus redes sociales que dejen de insultar a las jugadoras que no están haciendo más que representar a su país. Son deportistas, víctimas de hostigamiento, pero fundamentalmente, deportistas mujeres. Según un informe de la ONU, el 73% de las mujeres ha estado expuesto a la violencia digital. Si nos detenemos en los insultos recibidos por Yamila, encontramos clasismo, racismo, homofobia y gordofobia en una matriz que tiene como trasfondo la misognia. La descontextualización es el mecanismo a través del cual estos discursos se vuelven verdades para sus detractores. Tildarla de “anti-messi”, nada peor para una sociedad argentina que olvida que su conversión ciega al messismo fue únicamente luego de que el capitán se alce con la Copa América en 2021, es la excusa para abrir la catarata de agresiones a la jugadora. Del mismo modo, la acusación de “bancar a Villa” funciona como disparador que habilita todo tipo de agravios. Yamila posó con la camiseta de Sebastián Villa luego de que este fuera acusado por violencia de género, lo que generó no sólo de sus haters habituales, sino también por parte de sectores del feminismo para quienes la jugadora debería tener una postura más empática con la víctima. El repudio fue acompañado de adjetivos como “asquerosa” y se llamaba además al “escrache público de la jugadora”. Esta situación que, en el contexto del mundial 2023 es retomada para hostigar a la jugadora en redes, omite no sólo que la delantera pidió disculpas por su actitud, sino que además explicó que, por no saber mucho del caso, había demostrado su apoyo a un deportista que admira, pero que ella bajo ningún punto de vista apoya a un maltratador. ¿Por qué se le exige a Yamila lo que casi nadie exige a los jugadores varones? Si tanta indignación genera su “apoyo” a Villa, ¿por qué mejor no reclamarle al Estado y a los clubes que inviertan en la prevención y el tratamiento de las violencias?

El ensañamiento con la jugadora responde a una modalidad de agresión a mujeres con voz pública, que un informe de ONU describió como ataques sistemáticos (Beck, Alcaraz y Rodríguez, 2022 p.28). No se trata de hechos aislados, sino que responden a una estructura común en la que hay ataques reactivos –a un posteo, una cobertura, una nota– y hay otros que se perciben como azarosos, “porque sí”, que pueden llegar en cualquier momento (p.26). Estos ataques tienen un objetivo claro, y muchas veces lo logran: silenciar a las mujeres y expulsarlas del espacio público. La violencia en línea, dice el informe, traspasa la virtualidad: tiene consecuencias concretas y visibles en las personas que la padecen. Yamila pidió abiertamente en la madrugada del 25 de julio que por favor detengan el hostigamiento. Avisó que está sufriendo. Si bien no se considera una activista feminista tal como las entrevistadas en el informe ONU, sí podemos considerarla como una mujer con voz pública, cuyas acciones tienen un impacto en la transformación del orden de géneros hacia uno mucho más igualitario. Martín Álvarez Litke (2023) evidencia que la existencia de mujeres jugando al fútbol, en una cultura como la nuestra donde el fútbol fue una de las arenas a través de la cual se constituyó la masculinidad hegemónica, constituye un acto “revolucionario” que contradice aquello que se ha construido históricamente como femenino: la pasividad y la docilidad. La presencia de Yamila incomoda porque corre los límites de lo socialmente esperado para las mujeres. Los medios de comunicación fogonean la incomodidad en la búsqueda de clics, habilitando a través de títulos y bajadas sacadas de contexto, los canales para la emergencia y circulación del odio. Dicen lxs investigadores Albin, López-Piñeyro y Redruello (2019) que en las sociedades contemporáneas el odio configura una estructura de sentimiento que conlleva un riesgo muy real: el posible paso de una discursividad ideológica deshumanizante, a un posible y futuro dominio político efectivo de los cuerpos bajo la figura de la expulsión, e incluso la liquidación del otro.

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Yamila Rodrigues. Fonte: Wikipédia

Parar la pelota para un análisis interseccional

Presento estas cinco escenas, entre muchas otras que podría haber elegido, porque evidencian el rol destacadísimo que Yamila Rodríguez tiene en el fútbol femenino argentino. Aguerrida, decidida, fuerte y apasionada, en la cancha y en la vida. A los 17 años dejó su Misiones natal, donde vivía junto a sus 9 hermanos y sus padres, para jugar en Boca, el club del que es hincha y que fue su casa, le dio techo, comida y trabajo, y es parte de su identidad. Migró a Brasil, en busca de un futuro mejor, donde hoy es ídola en Palmeiras. La historia de entrega de Yamila es la de muchísimas jugadoras. Pero también es única. No podemos hablar de Yamila sin conocer su historia, sin pensarla en su interseccionalidad, sin conocer las condiciones del fútbol femenino en las provincias del norte argentino, sin entender el lugar que el club donde jugó hasta irse a Palmeiras tuvo y tiene en su vida. Es fundamental atender a los núcleos de esta historia que nos dan el contexto para entender por qué, Yamila Rodríguez al patear una pelota, está pateando el poder. Y por qué, ese rol disruptivo la vuelve el foco de campañas de odio que buscan silenciarla. El avance del fútbol femenino es un proceso de disputa de poder real en Argentina. Cada vez que Yamila toca una pelota, en la Bombonera, en Palmeiras o con la celeste y blanca, el estadio corea su nombre. ¿Qué pasa cuando una mujer, humilde, futbolista, lesbiana, se vuelve referente de las nuevas generaciones? Si las mujeres argentinas a lo largo de la historia fueron excluidas del mundo del fútbol primero a través de mecanismos institucionales basados en argumentos biomédicos como la fragilidad de sus cuerpos y el peligro que representaba para la maternidad, único destino para las mujeres y luego a partir de los estigmas de “machona”, “marimacho” y “lesbiana” hoy podemos pensar que los ataques en redes sociales constituyen uno de esos mecanismos de exclusión.

Para cerrar este breve ensayo presento dos preguntas que emergen de las escenas desarrolladas. Hacia las instituciones que regulan el fútbol, ¿qué herramientas es posible construir con las jugadoras para protegerlas y fortalecerlas ante los impactos psicológicos que las violencias sistemáticas ejercidas hacia ellas pueden tener?  Hacia los feminismos, ¿cómo incorporar en nuestros proyectos a las mujeres y diversidades en toda su complejidad y heterogeneidad? En un contexto donde el odio constituye gran parte de las sensibilidades contemporáneas que buscan dar marcha atrás en los derechos conquistados por mujeres y diversidades ¿cómo podemos construir narrativas alternativas que incorporen los contextos y las historias?

Notas

[1] https://www.espn.com.ar/futbol/mundial/nota/_/id/12184891/argentina-femenino-mundial-yamila-rodriguez-mano-a-mano-espn

Bibliografía

Albin, Juan Francisco; Lopez Piñeyro, Hernán Ignacio; Redruello, María Eugenia; Poéticas del odio: experiencias artísticas argentino-brasileñas en tiempos de desdemocratización; Universidad Complutense de Madrid; Arte, Individuo y Sociedad; 32; 3; 12-2019; 737-749

Álvarez Litke, Martin. En la cancha como en la vida. Fútbol, género y feminismo en la Villa 31. Tesis para optar por el título de doctor de la Facultad de Filosofía y Letras. UBA. 2023 (no publicada)

Beck Ingrid, Alcaraz Florencia y Rodriguez Paula. Violencia de género en línea hacia mujeres con voz pública. Impacto en la libertad de expresión. Alianza Regional por la Libre Expresión e Información ONU Mujeres. 2022. Disponível em: https://lac.unwomen.org/sites/default/files/2023-03/Informe_ViolenciaEnLinea-16Mar23.pdf

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Julia Hang

Licenciada en sociología y doctora en ciencias sociales de la UNLP. Investigadora de CONICET. Dirige el proyecto de extensión Hacia Clubes Inclusivos. Jugar, gestionar, entrenar y dirigir con perspectiva de géneros para erradicar las violencias.

Como citar

HANG, Julia. El hostigamiento en redes sociales como nueva forma de disciplinamiento a las futbolistas argentinas. Ludopédio, São Paulo, v. 169, n. 27, 2023.
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